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Sucias Fantasías

El liberalismo de mi polla

Mujer de moral distraída

Borrachos y puestos hasta las cejas volvíamos de fiesta hacia casa, mis cuatro amigos y yo. Llegamos a una rotonda donde había una hermosura rusa, ojos verdes, rubia y de grandes senos, entonces nos pusimos a discutir si era una puta o no, finalmente para salir de dudas me acerque con el coche y directamente le pregunté -¿Cuánto por un cacahuete?- Se saco los cascos de las orejas y me dijo que treinta pavos por treinta minutos, puta barata. Dimos un par de vueltas a la rotonda al tiempo que discutíamos si teníamos que hacer una orgía con ella o no. Nos volvimos a acercar. -¿Cuánto por los cinco?, sin ningún gesto en su cara ni en su cuerpo nos contesto -Solo uno y treinta euros- dimos un par de vueltas más hasta que decidí que me la iba a follar, estaba tan puesto, tan borracho y tan caliente que tenía que meterla en algún sitio.

Mis amigos se bajaron al otro lado de la acera, yo cogí la puta en la rotonda y me señalo la gasolinera abandonada del lado. Después de pagarle la mitad del precio acordado, quince pavos, nos metimos en los asientos de detrás, me desnudé de cintura para abajo,  ella agarro mi cipote y puso un condón, le cogí la cabeza y le obligué a chuparme la polla, blanda como una buena morcilla, la chupo lentamente al principio, después con más ímpetu, tardo algún que otro minuto en ponerse dura, seguramente culpa del alcohol y el condón.

Cuando llevaba un par de minutos chupando, le dije que parará, que lo que yo quería era follar, se desnudo de cintura para abajo y se desabrocho la camisa, mostrando un depilado coño y unos enormes senos protegidos por los sostenes. Intenté penetrarla, pero ella no quiso, me agarro el cipote y lo introduzco en su enorme chochete, empecé a moverme, pero tampoco quería que yo hiciera algo, me obligo a estar sentado mientras ella “cabalgaba” encima mío. No estaba excitado, ni siquiera mi pequeño amigo se lo estaba pasando bien. Le agarre las tetas y intente chupárselas, pero no quiso, le propuse sexo anal, una mamada sin condón, una cubana y mil porquerías más, pero la muy puta, nunca mejor dicho, no quiera hacerme nada de nada.

Al cabo de 10 minutos de que estuviera follándome, si a eso se le podía llamar follar, se enfado conmigo, saco mi polla de dentro suyo y empezó a chillarme -¡Tu eres un depravado y hablas mucho. Me voy !- sin decir nada más, salió del coche y me dejó con el condón puesto y una erección.

Recogí a mis amigos, nos fumamos un par de cigarros y para casa, entre risas y erecciones.

Lo carnal del carnaval

Puede que hay algo que me ponga más cachonda que el novio de una amiga, que dos o tres primos semilejanos que tengo, que un negro con gorra levantada: es seguro, que lo que más mojan mis bragas son los atuendos, máscaras, caras pintadas y mamacharradas varias para que el ser, se convierta en algo – aunque sea por una noche- que no es. El febrero del carnaval es cuando más follo porque todo el mes tengo el alma y el cocho en alerta. Me pierde el disfraz.

Hay un lugar en el mundo, donde todo vale, y no hace falta ni que sea carnaval, aunque cuando lo es, sus calles y gentes se llenan de color y drogas y parece que las penas por rumba son menos penas morena. La Tacita de Plata, la Cádiz asalvajada, encarajotada y dicharachera, puede que tenga por metro cuadrado los tíos más tremendos y con ganas de meterte el cipote de la Europa actual. Se mezcla que a una le va la samba con que los otros están para baile, y año tras año vuelvo para Barcelona con el hígado roto y el coño morado.

A los piratas gaditanos les pone cachondos las que siendo de fuera, teniendo otro acento y otras maneras, vamos allí los febreros a pegarnos unos dancings, a escuchar chirigotas. Y si de descaro y desparpajo tienes, tú follas seguro. Esa es mi pócima sexual secreta.

Cuando aún no era mayor de edad, años hace ya, un gaditano de ojos verdacos y vestido de pirata del Mar Muerto – porque del Caribe es muy mainstream- me agarró la mano y me preguntó si yo iba disfrazada de cerda porque algo de ello tengo. Yo le dije que de animal hay en mí, pero que pirata otro rato soy, porque capaz de beberme el agua de una isla si de ron se trata.

Estoy como harta que los jabatos guapos -por el hecho de serlo- crean que tienen tetas en bandeja.
En un callejón que él dejó sin salida, me intentó comer los morros pero la cerdita le hizo la cobra varias veces. Estoy como harta que los jabatos guapos -por el hecho de serlo- crean que tienen tetas en bandeja. Con esto, no quiero decir que las féminas necesitamos dósis de violín y velas, pero nenes, dejaos de tanta prepotencia cipotuda. La cuestión es que Johnny Depp de Cai me metió los dedos en el coño y me dijo que aunque mi boca negara romperle los labios, lo de abajo pedía hombre a chorros.
Año trás año lo veo cuando voy a Cádiz, pero eso sí, de pirata nunca más, siempre él trabajando y yo bebiendo ron.
Él policia nacional y yo coño mojado a estrenar -por él-.
Pero lectores, lectoras, este año ME LO FOLLO.
Lo juro….
…por mi máscara.

Orgasmo seco

Ayer me masturbé pero no me corrí. Y no, no sufrí un gatillazo ni me quedé a medias sino que llegué al punto de eyacuación… sin que nada saliera. Después de unos minutos de preocupación (“tan viejo soy ya?”), me decidí buscar por internet las posibles causas y descubrí que lo que me pasó se llama orgasmo seco y que es más normal de lo que parece.

El orgasmo seco es llegar al clímax sexual sin eyacular y puede tener varias causas, pudiendose generar algunas de ellas via la presión de la uretra justo antes de llegar al clímax, la contracción del músculo pubocoxígeo justo después del orgasmo o con el uso de bombas de vacío. Si eres un profesional del tema puedes llegar a tener múltiples orgasmos en una misma sesión sexual lo que aparentemente no suena tan mal.
Habéis experimentado alguna vez con rogamos secos? Dejadnos vuestras opiniones mas abajo.

Aleatoriedades

Si hay algo que atraiga el que le escribe, es la aleatoriedad. Esa mágica oportunidad que el azar le regala a uno sin avisar. Los hippies lo llaman destino; los creyentes, la voluntad del Señor. Pero todos compartimos el placer cuando algo totalmente inesperado se nos presenta, y decidimos aceptarlo, afrontarlo sin remordimientos.

Aleatoriedad es lo que pasó un frío viernes, no hace muchas semanas atrás, cuando después de tomar unas cervezas con los compañeros de trabajo, cuatro de nosotros decidimos salir. Me atraía Gema, una pelirroja -aunque ella diga que es castaña -exótica, de no sé que remoto país que solo viste de blanco y negro. Habla rápido ese inglés nativo, volteando su cabeza a la derecha y ligeramente hacia abajo para que sus ojos parezcan más amenazantes. También estaba Fred, un australiano alto y delgado, bi declarado pero en periodo heterosexual durante los tres últimos años. Frío, audaz, de esas personas a las que amas u odias. Por último también estaba Daniel, homosexual -aunque él diga que es bi- amante de lo sucio y aleatorio.

A Daniel siempre le había gustado Fred y no lo escondía, y entre Gema y un servidor siempre ha habido esa atracción que ambos ignorábamos por vergüenza o culpabilidad.

Entramos en un club de música electrónica y después de dejar los abrigos nos dirigimos al baño. Todos al mismo. No puedes crear la aleatoriedad pero la droga tiene un fuerte poder de atracción de situaciones impensables en la sobriedad.

Daniel iba detrás de Fred para que le besara mientras el resto bailábamos el monótono ritmo del techno. Después de uno de los muchos viajes al baño que hicimos esa noche decidimos sentarnos en una zona de sofás. Solo había sitio para tres así que Fred decidió que era una buena idea estirarse encima del resto de forma que su cabeza quedara en mis rodillas. Mis manos, completamente independientes en ese momento, empezaron a acariciar ese fino cabello australiano, mientras Daniel empezaba a besarle.

Y sí, era mi turno y cumplí religiosamente con mi deber.

Instantes después, Daniel empezó a besar a Gema -brevemente ya que el siempre ha preferido a los chicos- para luego forzarla a besar a Fred. Y sí, era mi turno y cumplí religiosamente con mi deber. Fred besaba de forma demasiado brusca, seguramente pensando en su novia. Con Daniel descubrí una conexión que nunca hubiera pensado que pudiera tener besando a un chico: nos entendíamos en forma e intensidad y su barba de una semana no solo no me molestaba sino que hacia el juego aun mas interesante. Besé a Gema por obligación porque, estúpido de mi, no quería que eso afectara a nuestra relación de amistad. Visto el resultado, ella pensaba lo mismo.

Hicimos varias rondas como si fuéramos niños de 10 años jugando a los tazos, pero Daniel me escogió y nos liamos durante algunos minutos. Fred se cansó y se levantó, así que el juego se había acabado oficialmente y volvimos a bailar, esta vez a la sala con la música más dura. Nos sentíamos liberados, con la fuerza suficiente como para llevar ese juego al siguiente nivel.

Pero no pasó. Unos amigos de Gema llegaron unos minutos después, Daniel estaba cansado y la culpabilidad de Fred ya había tomado el control de su cabeza. Ya no nos besamos más esa noche. De hecho, desde ese día no hemos vuelto a salir juntos, seguramente por ese temor infantil de ya saber como acabaría la noche.

La aleatoriedad no entiende de parejas, esperas o vergüenza. Esa noche la encontramos y la dejamos escapar, algo que me prometí a mi mismo que no volvería a pasar dos veces. Palabra.

I’m the party

¡He vuelto!

Podemos decir que mi actividad en Sucias Fantasías es proporcional al nivel de destrucción que padece mi psique. De modo que estad atentos, lo que voy a contar aquí no es apto para mentes poco distraídas.

Durante estos años de ausencia he realizado un trío, follado con mujeres casadas, otras mayores de 50 años (posiblemente me he follado a tu madre), con gordas, sudamericanas y asiáticas, una mujer me ha vejado y practicado sado conmigo, he empezado a experimentar con las drogas y soy una leyenda en Berlin con el sobrenombre de “Jack Bauer”. Pero tranquilos, os iré contando todo esto y más, poco a poco.