Menú

Sucias Fantasías

El liberalismo de mi polla

Cantonés

Muy breve introducción

Compartía habitación con dos hongkoneses y un americano bastante gilipollas. Este último se había pasado la noche anterior llorando porqué su madre le acababa de pillar borracho. 30 años, creo que no hace falta añadir nada más. ¡Pringado!
Con los dos asiáticos habíamos establecido una buena relación desde la primera noche. Tranquilos, no nos dimos por el culo. Pasamos algunas noches bebiendo y hablando de política y de coñitos japoneses. Un placer para el paladar y lo oídos.

 

Nace una leyenda

Acababa de pasar la tarde bebiendo con dos sexy enfermeras japonesas, pero como no hay quien les meta mano, decidí pillarme una última lata de cerveza y bebérmela en la cocina de mi hostel.
Allí estaba ella, un diez, una de aquellas jovencitas asiáticas con aún olor a ácido úrico entre sus intimidades. Me bebí mi cerveza contemplando cada uno de sus suaves movimientos y sus perfectas curvas.
Acabé mi cerveza y me largué para mi habitación. Las dejaba solas jugando a un extraño juego de mesa.
Al llegar a mi habitación la conversación fue, más o menos, así: “Joder tios, hay un puto bellezón de vuestro país en la cocina jugando con su hermana pequeña” y uno de los amarillos respondió “¿Está buena? ¿Qué edad tiene?”. Obviamente, la respuesta fue positiva, mis ojos no son para las gordas, y tendría unos 20-22 añitos. Carne fresca.

Nunca había visto correr tanto a un asiático como en aquel día, antes de que alguno de nosotros pudiera decir nada más, ya había saltado de su cama y salía por la puerta. Ojos ensangrentados, el cazador había fijado su presa e iba a por ella.

00h – sin señales de nuestro valiente soldado, cerramos la luz y le dedicamos una última plegaria de soporte. Cada uno a su Dios. Yo le rezo a Jordi Pujol.

Me levanto a las 8am y lo primero que hago es mirar la cama de nuestro camarada. Vacía. Hay esperanzas. Preparo mi maleta y me voy.
Me lo encuentro sentado en el sofá de recepción con una sonrisa de oreja a oreja. Me cuenta que se la cepillo cuatro veces durante la noche y que se quedó a dormir en un habitación. Que por la mañana casi les pilla el padre de la guarrilla en plena acción y que se acabó escondiendo en un armario. Entre risas nos fumamos un pitillo y nos despedimos.

Un héroe, un genio. No se como clasificarlo, pero sin duda hay gente que ha nacido para follarse a los mejores chochitos del mundo. Él es uno de ellos.

Soy un gran patán que toma cervezas y fuma habanos. Así es como debemos ser, así es como Dios quiso que fuéramos todos los hombres.

Deja un comentario