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Sucias Fantasías

El liberalismo de mi polla

Conquistando Japón

Sucias Fantasias - Conquistando Japón

Sentado en la silla de mi habitación, contemplaba como Miki bailaba y se desnudaba para mí. Delante tenía una preciosidad japonesa de 43 años. Con un cuerpo diez, esculpido a base de yoga y pilates.

Unas horas antes de que empezáramos a jugar con nuestro cuerpos, cenábamos en un restaurante del centro de Osaka. Durante la cena, me contó que no podía tener hijos, que ella y su marido viven en ciudades diferentes por trabajo y que de vez en cuando tiene citas con otros hombres. Pero hacía más de un año que no hace el amor con alguien diferente a él.

Acabé de desnudarla, y para mi sorpresa, apareció ante mí un estrecho coño totalmente depilado y unas pequeñas tetillas de grandes pezones. Sus piernas manchadas de rojo indicaban que seguía arrastrando su periodo. No pregunté. La puse encima del escritorio, abrí sus piernas y me deleité con aquel sabor que mezclaba lo mejor de una vagina japonesa con los restos secos de sangre menstrual.
No recuerdo si estuve diez minutos o media hora sumergido en aquel conejito, pero aun sin tener la oportunidad de penetrarla, ella ya disfrutaba. Gemía y se corría en mi boca. Pedía polla, pero no quería apartar la lengua de aquel gran festival gustativo digno de emperadores japoneses.

La bajé del escritorio, pero sin dejar que tocara el suelo y agarrando sus piernas con mis brazos, me la follé. No pesaba nada. Arañaba con fuerza mi espalda, al mismo tiempo que gemía y mordía sus labios. Sentía como Miki disfrutaba como hacía años que no lo hacía. Y ella se volvía loca con cada mazazo de mi polla contra su chochito. Se corrió unos minutos antes que la estampara contra la pared. Me corrí dentro. A ella no le importo, lamió los restos de semen de mi pene y nos fuimos a la cama.

Nos echamos en la cama y jugamos con nuestros cuerpos a la espera de que mi pequeño soldadito estuviera listo para volver a la trinchera. Me la follé de nuevo. Con más agresividad la penetraba y la pegaba, más disfrutaba. Aquello parecía el día del orgasmos femenino. Uno tras otro, no paraba de correrse. Me pidió parar y descansar. Llevábamos más de una hora con el mete y saca. Estaba agotada.
Recuperamos nuestras fuerzas y hablamos sobre nuestras experiencias sexuales. Después de dos años de casada, y justo cuando se enteró que no podia dar a luz, tubo su primera experiencia lésbica, con una japonesa durante sus vacaciones de verano.

Apreté sus pezones como si estuviera buscando el dial adecuado de la radio. Mini yo estaba preparado para volver a la conquista de Japón. Me tiró contra la cama y agarrando con fuerza mi bello del pecho se montó encima mio. Con los ojos cerrados y tirando con fuerza de mi pelo, me cabalgó. Tan solo mojaba la puntita. La puntita nada más. Volvió a correrse antes de que yo pudiera llegar al clímax. Chillaba de placer y me arrancaba algún que otro pelo.

De nuevo sentado en la silla contemplaba como se vestía. Aquel cuerpo era impresionante y sabía que nunca más volvería a ser mío. Me la volvía a tirar de pie contra la pared. Y de nuevo se volvió a correr antes que yo. Ya agotada del todo, me regaló la mejor mamada que mi sargento había recibido en vida. Me dejó totalmente seco, no quedaba ni gota de semen en mis pelotas, todos mi soldaditos corrían dentro de su sistema digestivo.

Por la mañana sentado en el borde de mi cama, me fijaba como su periodo había dejado manchado el escritorio, el suelo, la silla, la pared y gran parte de la cama. Aquello fue memorable.

Soy un gran patán que toma cervezas y fuma habanos. Así es como debemos ser, así es como Dios quiso que fuéramos todos los hombres.

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