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Sucias Fantasías

El liberalismo de mi polla

Lo carnal del carnaval

Puede que hay algo que me ponga más cachonda que el novio de una amiga, que dos o tres primos semilejanos que tengo, que un negro con gorra levantada: es seguro, que lo que más mojan mis bragas son los atuendos, máscaras, caras pintadas y mamacharradas varias para que el ser, se convierta en algo – aunque sea por una noche- que no es. El febrero del carnaval es cuando más follo porque todo el mes tengo el alma y el cocho en alerta. Me pierde el disfraz.

Hay un lugar en el mundo, donde todo vale, y no hace falta ni que sea carnaval, aunque cuando lo es, sus calles y gentes se llenan de color y drogas y parece que las penas por rumba son menos penas morena. La Tacita de Plata, la Cádiz asalvajada, encarajotada y dicharachera, puede que tenga por metro cuadrado los tíos más tremendos y con ganas de meterte el cipote de la Europa actual. Se mezcla que a una le va la samba con que los otros están para baile, y año tras año vuelvo para Barcelona con el hígado roto y el coño morado.

A los piratas gaditanos les pone cachondos las que siendo de fuera, teniendo otro acento y otras maneras, vamos allí los febreros a pegarnos unos dancings, a escuchar chirigotas. Y si de descaro y desparpajo tienes, tú follas seguro. Esa es mi pócima sexual secreta.

Cuando aún no era mayor de edad, años hace ya, un gaditano de ojos verdacos y vestido de pirata del Mar Muerto – porque del Caribe es muy mainstream- me agarró la mano y me preguntó si yo iba disfrazada de cerda porque algo de ello tengo. Yo le dije que de animal hay en mí, pero que pirata otro rato soy, porque capaz de beberme el agua de una isla si de ron se trata.

Estoy como harta que los jabatos guapos -por el hecho de serlo- crean que tienen tetas en bandeja.
En un callejón que él dejó sin salida, me intentó comer los morros pero la cerdita le hizo la cobra varias veces. Estoy como harta que los jabatos guapos -por el hecho de serlo- crean que tienen tetas en bandeja. Con esto, no quiero decir que las féminas necesitamos dósis de violín y velas, pero nenes, dejaos de tanta prepotencia cipotuda. La cuestión es que Johnny Depp de Cai me metió los dedos en el coño y me dijo que aunque mi boca negara romperle los labios, lo de abajo pedía hombre a chorros.
Año trás año lo veo cuando voy a Cádiz, pero eso sí, de pirata nunca más, siempre él trabajando y yo bebiendo ron.
Él policia nacional y yo coño mojado a estrenar -por él-.
Pero lectores, lectoras, este año ME LO FOLLO.
Lo juro….
…por mi máscara.

Soy la que se lo monta con Don Quijote. De Toboso. Aunque tengo más de Aldanza Lorenzo (su nombre real) que de sumisa princesa.

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