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Sucias Fantasías

El liberalismo de mi polla

Oda a Barcelona

Podía ser un viernes cualquiera, en un bareto cualquiera, con un grupo random cualquiera de alcohólicos y farloperos. Pero aquella noche, no era así. Era mi última noche en la capital catalana. Mis últimas cervezas mientras hablábamos de tetas y de las bondades de Jordi Pujol. Seguramente también era mi última noche negándome a meterme aquella coca comprada a los moros del Raval. Mi cuerpo es un paraíso y en un paraíso no entra cualquier mierda.

Como os iba contando, queridos pajilleros, me encontraba en un bareto random sentado al lado de una Uruguaya de 44 años y su hijo de 13. Poco tardamos en entablar conversación y mucho menos en empezar a besarnos y tocarnos ante la atenta mirada de su polluelo.
Al poco tiempo, apareció el ex marido, un fornido y feo catalán, para llevarse al chaval y dejarme vía libre para seguir manoseando a su ex mujer. Me sentía como un auténtico campeón, la noche anterior ya la había metido, y hoy tocaba rematar la faena con una MILF sudamericana. Poco sabia yo que aquello se iba a torcer al aparecer un puto madrileño.

Pues si, queridos amigos, el madrileño me robó la chica delante de mis narices. Y eso que el condenado era muy feo. No obstante, ella no se porto del todo mal. -Me dio su teléfono y me susurró al oído “Aprende como follar este verano y veamos en Setiembre, a ver si te apruebo-.

Nos fuimos todos, uruguaya, madrileño y cuatro o cinco personas más, de aquel antro para acabar en la casa de uno de ellos. No recuerdo muy bien el viaje de ida, creo que lo siguiente que tengo en mente era bailar con otra chica sudamericana, de unos 30 años, encima del coche del colega de la casa. Al ritmo de Paco Pils y mientras nos besábamos y nos pasábamos una pastilla de éxtasis de una boca a otra.

Tengo gran parte de la noche en blanco. De modo que no esperéis gran cosa, solo los puntos más sórdidos de aquella pequeña aventura.

Lo siguiente que recuerdo era pasar por el comedor, dirección al lavabo, y encontrarme al madrileño cabalgando a la Uruguaya como habían hecho sus antepasados cuando conquistaron su país. Era una máquina, nunca había visto (fuera del porno) a un hombre joder a una mujer con tanta energía y elegancia.

Vamos al siguiente punto de la noche. Me encontraba en una pequeña habitación, llena de trastos, con la mujer del propietario de la casa. Si, él estaba por la casa de fiesta.
Enrollandonos, polla en el aire y ella manoseando mi gran hacha de amor. Tetas fuera, nunca había visto nada tan grande. Cubana a los tres vientos, ni si quiera sabía donde tenia el cacharro entre tanta carne. Empezó la felación como si no hubiera mañana, que te la chuparan bajo los efectos del éxtasis era brutal. Todo era brutal. Hasta que me imaginé al marido entrando por la puerta, moto-sierra en mano y yo sin falo.

Detuve tal dulce locura. No había polvo que valiera la muerte. Volvimos fuera, como si no hubiera pasado nada y seguimos bailando al ritmo de aquella música máquina que me recordaba a los mejores años del Scorpia.

Me levanté a las 10 de la mañana en el mismo sofá dónde la Uruguaya había sido follada como Dios manda. Besé a la mujer de la casa y me largé de allí.

Adiós querida Barcelona.

Soy un gran patán que toma cervezas y fuma habanos. Así es como debemos ser, así es como Dios quiso que fuéramos todos los hombres.

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