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Sucias Fantasías

El liberalismo de mi polla

Historias de pecados

Sucias fantasías - historia de pecados

Llevaba dos semanas en el país del sol naciente y no era para nada como me lo esperaba. Dos semanas antes llegaba con la intención de comerme el mundo, de follar cada día con una amarilla diferente y de disfrutar de sus peludos genitales.

Aquello no funcionaba, las chicas eran tímidas, cerradas, increíblemente ocupadas y en un busca de pareja y amor. Nada de sexo casual. Ni un beso. Por muy cachondas que estuvieran, por mucho que les gustaras, primero había que ser novios y poco a poco nos besaríamos y haríamos el amor. Absurdo. Loco. En este país no se disfrutaba del segundo mejor pecado: la lujuria. El mejor es la gula, por supuesto.

Volviendo a mi segunda semana en el país. Allí me encontraba yo, en una furgoneta, sentado viendo como dos chicas bailaban solo para mí. Preciosas, pechos pequeños. Como a mi me gusta. Con aquella carita entre picarás y tímidas. Se iban desnudando poco a poco. Yo bebía y bebía cerveza.
En un momento de claridad me pregunté -¿Pero qué cojones es esto? ¿Dónde estoy? ¿Quien son estás chicas?-. Tenía la mente en blanco, no podía recordar más allá de la furgoneta.

Me desvanecí y al volver a abrir los ojos, una de ellas se había esfumado. Estirado en la furgoneta y solo llevando puestos mis calzoncillos intenté recobrar la compostura. No podía. La segunda chica estaba encima mio. Bailando, frotando. Little boy estaba preparado para actuar. Iba a la conquista del rico coño nipón.
Se desnudó completamente mientras seguía bailando y frotándose contra mí al ritmo de una música que no podía ni comprender. – Soy menor, pero no me importa. Seguro que tengo más experiencia que tú- Me susurró al oído. ¡Joder! No. Intenté quitármela de encima, pero estaba atado de manos y pies. ¿Cómo era posible? De nuevo todo en blanco.

Cortó mis calzoncillos y me folló. Me envolvió una aura de miedo, vergüenza y placer. El tiempo pasaba lentamente, ella gemía y gemía. Un orgasmo tras otro. Mi falo seguía en pie, no se quería correr.

De golpe. Placer. Tranquilidad. Abro los ojos y me encuentro todo sudado, ahogado por el gran esfuerzo y con mi semen deslizándose entre mi polla. Miro a mi alrededor, esta todo a oscuras, mis manos y mis pies están libres y llevo los calzoncillos puestos. Abro la luz, me limpio con cuidado los rastros del pecado e intento calmarme. Todo controlado, estoy en mi hotel, todo ha sido un sueño. Un sueño extremadamente extraño. No entiendo nada de lo ocurrido.

Me tomo una ducha de agua fría y me vuelvo a la cama.

Masturbación

Llevábamos toda la noche arriba y abajo visitando diferentes Girls bar de Tokio. En el primero de ellos intercambié mi teléfono y cuatro besos tontos con la camarera. La verdad es que no era nada del otro mundo. Pero al fina y al cabo aun tenia que tachar de la lista de países el chochito japonés.

En el segundo Girls bar de la noche, ya se había convertido en un clásico para nosotros. Eramos los amos de la fiesta junto a un loco millonario de Okinawa. Que le gustaba chupar los brazos de cualquiera que tuviera a su lado, hombre o mujer. Un demente de alto nivel.

El tercer Girls bar que fuimos aquella noche era uno nuevo, aún los conejitos de aquel antro no sabían de lo que era capaz. Al contrario que los anteriores aquel estaba lleno de maduritas.  Coños japoneses más que usados. Incluso una era madre. mejor, estas suelen ser las más guarillas.

Una de las camareras acabó sentada a mi lado. Charlamos de sexo, de los cuernos de su mardio y de la increíble pequeñez de los rabos nipones. Al final tanto hablar de meterla, me puse cachondo y la besé. Ni se inmutó. Nos besamos allí delante de sus compañeras y clientes al grito de -Hentai, hentai- por parte de un cincuentón con pinta a pajillero.
No nos cortamos ni un pelo y a los 30′ mi mano ya estaba masajeando sus enormes tetas (digo enormes si las comparas con la media de las japonesas. Que parecen putas tablas de planchar). Acabó media desnuda, ante la antenta mirada de los pervertidos que llenaban el local y aprendiendo de un maestro catalán de como se debe masturbar a una mujer.

Eran las cuatro de la mañana y me había quedado sin dinero, ella tenía que seguir trabajando. Le propuse un polvo rápido en el lavabo pero se negó. Zorra. Me largué de allí entre los aplausos y las caras atónitas de los cerdos de la barra.

 

Cantonés

Muy breve introducción

Compartía habitación con dos hongkoneses y un americano bastante gilipollas. Este último se había pasado la noche anterior llorando porqué su madre le acababa de pillar borracho. 30 años, creo que no hace falta añadir nada más. ¡Pringado!
Con los dos asiáticos habíamos establecido una buena relación desde la primera noche. Tranquilos, no nos dimos por el culo. Pasamos algunas noches bebiendo y hablando de política y de coñitos japoneses. Un placer para el paladar y lo oídos.

 

Nace una leyenda

Acababa de pasar la tarde bebiendo con dos sexy enfermeras japonesas, pero como no hay quien les meta mano, decidí pillarme una última lata de cerveza y bebérmela en la cocina de mi hostel.
Allí estaba ella, un diez, una de aquellas jovencitas asiáticas con aún olor a ácido úrico entre sus intimidades. Me bebí mi cerveza contemplando cada uno de sus suaves movimientos y sus perfectas curvas.
Acabé mi cerveza y me largué para mi habitación. Las dejaba solas jugando a un extraño juego de mesa.
Al llegar a mi habitación la conversación fue, más o menos, así: “Joder tios, hay un puto bellezón de vuestro país en la cocina jugando con su hermana pequeña” y uno de los amarillos respondió “¿Está buena? ¿Qué edad tiene?”. Obviamente, la respuesta fue positiva, mis ojos no son para las gordas, y tendría unos 20-22 añitos. Carne fresca.

Nunca había visto correr tanto a un asiático como en aquel día, antes de que alguno de nosotros pudiera decir nada más, ya había saltado de su cama y salía por la puerta. Ojos ensangrentados, el cazador había fijado su presa e iba a por ella.

00h – sin señales de nuestro valiente soldado, cerramos la luz y le dedicamos una última plegaria de soporte. Cada uno a su Dios. Yo le rezo a Jordi Pujol.

Me levanto a las 8am y lo primero que hago es mirar la cama de nuestro camarada. Vacía. Hay esperanzas. Preparo mi maleta y me voy.
Me lo encuentro sentado en el sofá de recepción con una sonrisa de oreja a oreja. Me cuenta que se la cepillo cuatro veces durante la noche y que se quedó a dormir en un habitación. Que por la mañana casi les pilla el padre de la guarrilla en plena acción y que se acabó escondiendo en un armario. Entre risas nos fumamos un pitillo y nos despedimos.

Un héroe, un genio. No se como clasificarlo, pero sin duda hay gente que ha nacido para follarse a los mejores chochitos del mundo. Él es uno de ellos.

Oda a Barcelona

Podía ser un viernes cualquiera, en un bareto cualquiera, con un grupo random cualquiera de alcohólicos y farloperos. Pero aquella noche, no era así. Era mi última noche en la capital catalana. Mis últimas cervezas mientras hablábamos de tetas y de las bondades de Jordi Pujol. Seguramente también era mi última noche negándome a meterme aquella coca comprada a los moros del Raval. Mi cuerpo es un paraíso y en un paraíso no entra cualquier mierda.

Como os iba contando, queridos pajilleros, me encontraba en un bareto random sentado al lado de una Uruguaya de 44 años y su hijo de 13. Poco tardamos en entablar conversación y mucho menos en empezar a besarnos y tocarnos ante la atenta mirada de su polluelo.
Al poco tiempo, apareció el ex marido, un fornido y feo catalán, para llevarse al chaval y dejarme vía libre para seguir manoseando a su ex mujer. Me sentía como un auténtico campeón, la noche anterior ya la había metido, y hoy tocaba rematar la faena con una MILF sudamericana. Poco sabia yo que aquello se iba a torcer al aparecer un puto madrileño.

Pues si, queridos amigos, el madrileño me robó la chica delante de mis narices. Y eso que el condenado era muy feo. No obstante, ella no se porto del todo mal. -Me dio su teléfono y me susurró al oído “Aprende como follar este verano y veamos en Setiembre, a ver si te apruebo-.

Nos fuimos todos, uruguaya, madrileño y cuatro o cinco personas más, de aquel antro para acabar en la casa de uno de ellos. No recuerdo muy bien el viaje de ida, creo que lo siguiente que tengo en mente era bailar con otra chica sudamericana, de unos 30 años, encima del coche del colega de la casa. Al ritmo de Paco Pils y mientras nos besábamos y nos pasábamos una pastilla de éxtasis de una boca a otra.

Tengo gran parte de la noche en blanco. De modo que no esperéis gran cosa, solo los puntos más sórdidos de aquella pequeña aventura.

Lo siguiente que recuerdo era pasar por el comedor, dirección al lavabo, y encontrarme al madrileño cabalgando a la Uruguaya como habían hecho sus antepasados cuando conquistaron su país. Era una máquina, nunca había visto (fuera del porno) a un hombre joder a una mujer con tanta energía y elegancia.

Vamos al siguiente punto de la noche. Me encontraba en una pequeña habitación, llena de trastos, con la mujer del propietario de la casa. Si, él estaba por la casa de fiesta.
Enrollandonos, polla en el aire y ella manoseando mi gran hacha de amor. Tetas fuera, nunca había visto nada tan grande. Cubana a los tres vientos, ni si quiera sabía donde tenia el cacharro entre tanta carne. Empezó la felación como si no hubiera mañana, que te la chuparan bajo los efectos del éxtasis era brutal. Todo era brutal. Hasta que me imaginé al marido entrando por la puerta, moto-sierra en mano y yo sin falo.

Detuve tal dulce locura. No había polvo que valiera la muerte. Volvimos fuera, como si no hubiera pasado nada y seguimos bailando al ritmo de aquella música máquina que me recordaba a los mejores años del Scorpia.

Me levanté a las 10 de la mañana en el mismo sofá dónde la Uruguaya había sido follada como Dios manda. Besé a la mujer de la casa y me largé de allí.

Adiós querida Barcelona.

Depravaciones a la japonesa

Al hablar de los japoneses nos imaginamos una sociedad enferma. Folladores de muñecas de plástico y masturbadores en potencia mirando hentai. Sí, son tan depravados como la televisión nos los vende. Aunque solo los hombres. O eso espero.
He tenido el placer o la desgracia, depende de como se mire, de hacerme amigo del japonés más putero, depravado y vago que existe sobre la creación del señor.
Hattori (para llamarlo de alguna manera) lleva viviendo conmigo, en Barcelona, unas dos semanas, y en este corto tiempo he tenido la opción de montarme una orgía, ir de Chinas o pagar por una sucia puta africana del Raval.
Pero ni corto ni perezoso le cuenta sus lascivas ideas a sus compatriotas femeninas que trabajan en nuestra empresa. De 23 a 30 años. Pobres chochitos amarillentos.
Aún es más sorprendente la reacción de ellas: Sí, Hattori quiere ir de putas. Es normal.

Hay que aclarar que él es padre de familia, con tres hijas.¡pero que coño! Les da igual, los hombres van de putas, ¿para que satisfacer a tu mujer? ¿para que avergonzarse?

Nos vamos a Saint-Tropez

Pues no, no nos vamos a Saint Tropez literalmente, solo en nuestra mente para imaginarnos en una de esas fiestas que se pegan Pitbull o cualquier famoso con un poco de renombre. Simplemente echadle una ojeada a los videoclips sin escuchar mucho la musica e id a Saint-Tropez.

Cincuentona

Observaba a las diferentes mujeres que pasaban por mi lado, mujeres echas y derechas, con sus arrugas, sus tetas caídas y alguna que otra cana en el pelo. Después de varios minutos de estar sentado en el banco y contemplar con todo el descaro del mundo la belleza de todas las mujeres que pasaban a mi lado, llego, ¿y quien llego?, pues llego mi cita, que como no podría ser de otra manera era una cincuentona, bueno tenia 49 años pero es más divertido usar el termino cincuentona.

Era la primera vez que nos veíamos desde aquel encuentro casual en el metro de Madrid. Dolores vestía muy elegantemente, con una camisa blanca y un pantalón negro muy ajustado que marcaba su pequeño trasero, iba maquillada, para mi humilde gusto, demasiado y complementaba su atuendo con varia joyas. La mujer, mi mujer, tenia un cuerpo pequeño, de no más de metro setenta, delgada y con unas pequeños pero bonitas tetas, o eso parecía a simple vista.

Nos saludamos y nos fuimos hacia el bar más cercano a tomar un café rápido, aunque habíamos quedado para comer ella dijo que no tenia hambre, que tan solo quería un café rápido. Nos tomamos el café, no tardamos más de 15 minutos, mientras tanto charlamos un poco de nuestras vidas, trabajos y un poco de política. Hasta que ella se levanto, pidió la cuenta y me invito a ver su despacho, la MQMF (madre que me follaría) trabajaba de pedagoga y tenia un pequeño piso donde recibía a sus clientes. Me enseño su pequeño despacho y nos sentamos en un par de butacas que tenia, empezamos a hablar de la vida, ella no estaba casada y tampoco tenia hijos, poco tiempo después se levanto de su butaca y se sentó en el respaldo de la mía. El corazón me latía más rápido que nunca, estaba empalmado y asustado.

Yo tenia miedo, no estaba seguro de si ella quería lo mismo que yo. Al fin y al cabo ella era un mujer ya echa mientras yo era un yogurin inexperto a su lado. Supongo que debió notar mi poca seguridad porqué sin decir nada, ni vacilar, me giro suavemente la cabeza con sus manos y me besó. Un besó largo, suave y con extra de saliva por su parte. La agarré de la cintura y la obligué a ponerse encima mío, ella notaba mi duro pene, la acariciaba y la besaba sin parar, estaba muy cachondo.

Cuando me cansé de besarle empecé a desabrochar su bonita camisa, poco a poco, pero antes de acabar, ella me dio un suave golpe, me lanzó hacía atrás y rápidamente me saco los pantalones y los calzoncillos y empezó a chupar mi erecto amigo, el pene. En ese momento se me encendieron los ojos, me brillaban más que nunca, estaba ilusionado y con un poco de miedo, no todos los días puedes joder con una cincuentona y nunca antes había caído una torre tan alta. Mi querida cazadora de yogurines me estaba haciendo la mejor mamada que había saboreado mi polla. Cuando se canso de chupar, se levantó y se desnudo sola, no me dejo tocarla, me obligo a observar como se iba sacando lentamente cada parte de su vestimenta, hasta que estuvo desnuda ante mi. En ese momento, mostró un cuerpo frágil, lleno de arrugas y con las tetillas caídas, aún así, me puso más cachondo.

Me obligo a levantarme, se sentó ella y abrió las piernas, era mi turno, ahora tenia que comerle su viejo coño, por cierto estaba bien depilado, se lo comí de la mejor manera que supe, estaba asustado, a ella le habían comido su preciosa vulva un millar de veces. Aún así quedo más que satisfecha, lo se, soltó una gran frase para mi -Tienes muy buena lengua-.

Pocos minutos después empezamos a follar, no era la vagina más bien lubricada en que había metido mi polla, pero no me podía quejar, no estaba nada mal para tener cincuenta años. Estar follando en la butaca era demasiado incomodo, nos dimos cuenta bastante rápido, y nos pusimos en el suelo, con la clásica postura del perrito, muy cómoda. Pasamos por alguna que otra postura más, antes de acabar, ella encima, después yo, otra mamada y cabalgada final. Cincuenta años, puede ser lo vieja que todos vosotros queráis, pero como se movía, amigos míos.

Eché mi querida leche encima de su delgada y morena barriga. Nos vestimos, nos dimos un par de besos y nos despedimos con un hasta la próxima semana.

Héroes de la clase obrera

Siguiendo con la serie de entradas “Música para follar” que empezó mi compañero Lenny Belardo, hoy os traigo la segunda entrega de la mano de la banda de punk vasca Lendakaris Muertos con su tema “Héroes de la clase obrera“.

He elegido este temazo por una sencilla razón que mezcla mi ideologia política con mi demencia sexual. Poseo en mi poder dos camisetas con las fotografías del MHP Jordi Pujol con el lema “Orden” y la del MHP Artur Mas con el lema “Ilusión” y mi principal fantasía sexual es poder vejar a una socialista, o aún mejor, una comunista mientras suena, en bucle infinito, esta canción. Como bien decía el bueno de Salvador Sostres a una socialista siempre se le a de vejar.

Shakira para follar

Hoy queremos empezar una nueva categoría: música para follar. En ella queremos sugerir algunas canciones ideales (o no) para tener sexo.

Rabiosa es uno de los mejores temas de Shakira, no solo por su melodía ni letra (ejem) sino por el videoclip, donde vemos a la colombiana como nunca la habíamos visto antes: peluca negra, bañera de bolas y una cámara que la sigue pero todo el club.

Es una de mis canciones favoritas para tener sexo especialmente con chicas que no hablan español porque en ocasiones me he sentido mas próximo a Shakira que a la chica con la que me estaba liando 🙂

Mujer de moral distraída

Borrachos y puestos hasta las cejas volvíamos de fiesta hacia casa, mis cuatro amigos y yo. Llegamos a una rotonda donde había una hermosura rusa, ojos verdes, rubia y de grandes senos, entonces nos pusimos a discutir si era una puta o no, finalmente para salir de dudas me acerque con el coche y directamente le pregunté -¿Cuánto por un cacahuete?- Se saco los cascos de las orejas y me dijo que treinta pavos por treinta minutos, puta barata. Dimos un par de vueltas a la rotonda al tiempo que discutíamos si teníamos que hacer una orgía con ella o no. Nos volvimos a acercar. -¿Cuánto por los cinco?, sin ningún gesto en su cara ni en su cuerpo nos contesto -Solo uno y treinta euros- dimos un par de vueltas más hasta que decidí que me la iba a follar, estaba tan puesto, tan borracho y tan caliente que tenía que meterla en algún sitio.

Mis amigos se bajaron al otro lado de la acera, yo cogí la puta en la rotonda y me señalo la gasolinera abandonada del lado. Después de pagarle la mitad del precio acordado, quince pavos, nos metimos en los asientos de detrás, me desnudé de cintura para abajo,  ella agarro mi cipote y puso un condón, le cogí la cabeza y le obligué a chuparme la polla, blanda como una buena morcilla, la chupo lentamente al principio, después con más ímpetu, tardo algún que otro minuto en ponerse dura, seguramente culpa del alcohol y el condón.

Cuando llevaba un par de minutos chupando, le dije que parará, que lo que yo quería era follar, se desnudo de cintura para abajo y se desabrocho la camisa, mostrando un depilado coño y unos enormes senos protegidos por los sostenes. Intenté penetrarla, pero ella no quiso, me agarro el cipote y lo introduzco en su enorme chochete, empecé a moverme, pero tampoco quería que yo hiciera algo, me obligo a estar sentado mientras ella “cabalgaba” encima mío. No estaba excitado, ni siquiera mi pequeño amigo se lo estaba pasando bien. Le agarre las tetas y intente chupárselas, pero no quiso, le propuse sexo anal, una mamada sin condón, una cubana y mil porquerías más, pero la muy puta, nunca mejor dicho, no quiera hacerme nada de nada.

Al cabo de 10 minutos de que estuviera follándome, si a eso se le podía llamar follar, se enfado conmigo, saco mi polla de dentro suyo y empezó a chillarme -¡Tu eres un depravado y hablas mucho. Me voy !- sin decir nada más, salió del coche y me dejó con el condón puesto y una erección.

Recogí a mis amigos, nos fumamos un par de cigarros y para casa, entre risas y erecciones.