Menú

Sucias Fantasías

El liberalismo de mi polla

Ramen para dos

Sucias Fantasías - Ramen para dos

Olor a cogollos y un viejo vinilo de los “The Specials” girando en los platos de aquel pequeño garito. Sabia que estaba en el lugar idóneo. Eran apenas las ocho de la tarde, el bar está vacío, pero es sábado y la noche joven.

Hay una única clienta sentada en la barra, fumándose un pitillo y bebiendo whisky. Aparenta poco más de cuarenta años y con un cuerpo que desearían las de veinte. Me siento dos sillas más allá de ella y me sumerjo en la música.

Es el turno de los “The Ska-talites” y con el cambio de vinilo empezamos a conversar. Música, sexo y ramen ocupan la siguiente hora de nuestros pensamientos.
A las diez de la noche entran los siguientes clientes, un grupo de hombres japoneses y una sola chica. Aprovechando que el bar se empieza a llenar hago mis primeros movimientos y me siento al lado de la cuarentona. Finalmente el sexo ocupa la totalidad de nuestra conversación.

Estoy en Japón. Me basta con cogerla de la mano para saber si hoy voy a mojar.

Sentados uno al lado del otro, cogidos de la mano y acariciándonos. Parecemos dos adolescentes que van a descubrir el sexo por primera vez. Aquí funciona así. El país con más depravados del mundo y con más inútiles en relaciones.

Le beso en la mejilla. Hay que ir lentos. Me cuenta que hace más de dos años que no tiene relaciones sexuales con nadie y que el pasado sábado besó a un hombre casado. Le beso. El peor beso que me han dado nunca.

Ya con los preliminares en marcha y “Rico Rodriguez” en los altavoces, entra en juego un cincuentón. Volvemos a conversar sobre ramen y un deporte llamado béisbol. Que aburrido. Nosotros seguimos a lo nuestro y nos vamos intercambiando saliva ante la atenta mirada del japonés borracho de la barra.

Hay un pequeño Ramen bar que abre a medianoche y solo los fines de semana. Decidimos que es un buen lugar para escaparnos de las miradas curiosas de los cincuentones que llenan el bar y deshacernos del molesto alcohólico.
Nos largamos. No puede ser, aquel hombre es una auténtica pesadilla y nos va siguiendo. Acabamos teniendo una pequeña discusión y le invito a irse a tomar por culo. Literalmente. Él le susurra alguna cosa a mi chica, pero no le doy importancia. Le agarro de la manos y nos desvanecemos calle arriba. Ahora si, los dos solos, por fin.

Proseguimos con nuestro juegos de adolescentes. Besos torpes y tocamientos como si estuviera descubriendo el falo por primera vez. De golpe algo raro ocurre, han transcurrido apenas 2 minutos del incidente con el cincuentón y ella quiere sentarse y hablar. Quiere irse a casa, sola. No entiendo absolutamente nada.

Medio resignado le digo que no hay problema, que es libre de hacer aquello que quiera. Que yo voy a ir a comer ramen y que me sabe mal que después de que aquel gusano socialista le susurrara ella había cambiado. Reflejaba una total cara de vergüenza y fragilidad. Le beso en la mejilla le doy las gracias por la noche. Rompe a llorar. Ahora si que no entiendo nada. la abrazo, la calmo y le vuelvo a besar en la mejilla. -Me voy a comer ramen, ya sabes donde voy a estar. Arigato- me despido de ella.

Abro la puerta, el lugar esta lleno de parejas comiendo juntas. -¿Ramen para dos?- Me chilla una voz desde la barra. Me giro y miro hacía la calle pero solo hay oscuridad. -No, para uno-.

Soy un gran patán que toma cervezas y fuma habanos. Así es como debemos ser, así es como Dios quiso que fuéramos todos los hombres.

Deja un comentario