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Sucias Fantasías

El liberalismo de mi polla

Sexy sushi

Sexy sushi - Sucias Fantasias

Habían pasado unas dos horas desde que llegara a aquella pequeña discoteca de música techno. No eramos más de 16 personas en todo el garito: 10 chicos y 6 chicas, todas ellas novias de los 6 DJ que pinchaban aquella noche. Sin ninguna esperanza de follar, me centré en disfrutar de la música y de los porros de marihuana que me había regalado uno de los DJ.

Ya eran casi las 4 de la mañana, cuando Sota, un melenudo y hippioso japonés que intentaba pinchar algo parecido al mínimal techno me presentó, oficialmente, su novia. Una japonesa, alta, morena, de pelo corto, que tenia las orejas llenas de pircings y vestía con una larga falda marrón que conjuntaba con una camisa de manga corta a rallas.
A la que Sota, que era mi único “amigo” en toda la ciudad se puso a los platos, yo pasé a la acción. Era evidente que su novia sentía una atracción sexual hacia mí. Yo yo hacía todas las jopenesas.
A los 30 minutos y bajo la atenta mirada de toda la sala y del propio novio nos encerramos en el lavabo. Él que estaba a los platos no podía hacer nada más que resignarse en ver como iba a follarme a su novia.

Nos encerramos en aquel pequeño lavabo que olía a orín y que tenía las pintas de no haberse limpiado en años. A los pocos segundos de encontrarnos allí, nuestras lenguas se entrecruzaban entre si. Aquello, como ya pasó en Barcelona iba a ser una noche más utilizando mi pene como cabeza.
Bajé la tapa del wc y la senté, abrí sus piernas, me sumergí entre su falda y le quité las bragitas. Disfruté cada segundo, oliendo aquel maravilloso conejito que estaba a punto de comer. ácido úrico mezclado con pecado. Cerré mis ojos. Me regocijé entre su bello púbico. Poco a poco empecé a palpar con mis dedos sus clítoris. Llegaron los primeros gemidos de placer. Mis primeros gemidos de una japonesa.

Hora de pasar a la acción. Mi lengua, mi más que famosa lengua iba entrar en acción. Mi pene llevaba minutos queriendo atacar, poco a poco-pensé. Voy a gozarlo durante horas. Ella no paraba de gemir, contra más gemía con más velocidad y precisión utilizaba mi lengua. Apretaba mi cabeza contra su vagina y gemía más y más en japonés.

De golpe todo se acabó. No había presión en mi cabeza. No escuchaba ningún gemido. Como un buceador salí a la superficie. No podía ser, se había quedado dormida entre medio de tanto gozo. Intenté despertarla pero fue en vano. Le volví a poner el tanga. Me enjuagué la boca con agua y salí de allí.

Al verme, Sota vino directamente hacía mí.

– Tío, ¿Dónde esta mi novia y que hacías con ella?
– Mira lo siento, ella estaba muy mal y la he acompañado a vomitar al lavabo, pero ahora se ha quedado dormida y no puedo despertarla.
– ¡Joder! gracias, pensaba que estabas follándotela.
– No tío, somos amigos, yo no hago esas cosas. ¿Necesitas ayuda para sacarla del lavabo?
– No, déjala que duerma.

Aun con el sabor a vagina en la boca, nos abrazamos y nos despedimos como si no hubiera pasado nada.

Soy un gran patán que toma cervezas y fuma habanos. Así es como debemos ser, así es como Dios quiso que fuéramos todos los hombres.

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