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Sucias Fantasías

El liberalismo de mi polla

Tokyo decadence

Decadencia en Tokyo - Sucias Fantasías

Me desperté tumbado boca abajo en la alfombra de mi habitación. De mi entrepierna subía un rancio olor a sudor y esperma, junto al nauseabundo regusto a vómito que inundaba mi paladar, eran los síntomas que aquella había sido una de las mejores noches de mi estancia en Japón. Difícilmente superable.
Aprovechando la erección mañanera, me dí el gusto de masturbarme y dejar toda la papilla en la alfombra.

***

Escondido en un patio trasero, en medio del barrio de Shibuya (Tokio), se encontraba un bunker de donde sonaba música al más puro estilo berlinés. Agarré una cerveza y me encendí un pitillo, se acercó una hermosa amarilla, me debía sacar dos cabezas tranquilamente. Charlamos durante unos minutos, Barcelona esto, Barcelona aquello, oh sí! Gaudí era un genio, la Sagrada Familia, blablabla…

Me invitó a un par de rondas de cervezas y tabaco. Nos dimos las manos y sin ni siquiera besarnos nos fuimos para su apartamento. Sachi vivía sola en un pequeño piso en el centro de Shibuya. No me importaba en absoluto de donde una chica de 27 años sacaba tanto dinero como para poder pagarse ella sola un apartamento en una de las zonas más caras de la ciudad. De modo que no pregunté, y sin prestarle demasiada atención a la lujosa casa la desnudé.
Uno de los rasgos físicos que más me gustan de las japonesas son sus pequeñas tetillas. Siempre he tenido un dicho respeto a las tetas, teta que mano no cubre, no es teta sino ubre. Al bagarse las bragas apareció una frondosa maleza de vello púbico. Tenía la boca hecha agua. La segunda cosa que más me gustaba de ellas, era las pocas chicas que me estaba encontrado con el cochito rapado.

Follamos un par de veces antes de volver al bunker. Mejor dicho, me corrí un par de veces, por supuesto, ella me dobló la cantidad de orgasmos.
Sachi desnudad y tumbada en la cama, con aquella sonrisa de oreja a oreja que tienen las mujeres después de conocer por primera vez el placer puro, se despidió de mí – No quiero volver a bailar, disfruta de la noche y nos vemos entre las sabanas mañana por la mañana –.

***

Volví a la discoteca. Me encontré con los mismos australianos con los que había estado fumando hierba la noche anterior. Me invitaron a un poco de polvo blanco. Largo y amargo bajó por mis conductos nasales.
A las seis de la mañana nos largamos a un after. Me encontré a Kotono, vestida con la misma ropa que el viernes. (Kotono era una de la chicas que me la habían chupado la noche del viernes). Hablamos un poco de la noche tokiota, nos dimos el lote y me largue de nuevo hacía los lavabos con los australianos y una japonesa color café que se nos había unido.
Bailamos, nos besamos unos con otros y fumamos un poco de hierba. A la hora de estar allí, la japonesa de color café nos llevó a otro after.  Mucho más decadente que el anterior.

En el nuevo sitio, se encontraba una pareja de hippies totalmente colocados, una mujer de unos cincuenta años, con la que me besé y me pasó una pastilla, y un grupo de chicos que no sabían ni en que día estábamos.

Volví en mí a las 10 de la mañana, me encontraba bailando entro los dos hippies y con el lugar prácticamente vacío, solo quedábamos nosotros y la cuarentona follándose a un chaval en el sofá de la entrada. Me regalaron un poco de LSD. Todo colocado me fui hacia casa de Sachi. Volvimos a follar, pero esta vez no pude correrme. Cada vez que cambiábamos de posición, el entorno iba cambiando. Follamos en el Monte Fuji, en playas vírgenes y en el medio del Amazonas.

A la una, con la polla en carne viva, me despedí para siempre de unas de las mujeres más bellas que haya empotrado en mi vida.

Siempre habrá dinero y putas y borrachos, hasta que caiga la última bomba.

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